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octubre 29, 2014

Strippers: de la fantasía a la realidad

Mucho hemos escuchado de los strippers y hasta los hemos visto, desde telenovelas y películas, hasta las despedidas de soltera. Hombres  que presentan como espectáculo bailar sensualmente mientras se quitan la ropa. Entre especulaciones y mitos, la ética durante estos bailes eróticos se pone a prueba.




Podrá ser un secreto a voces que los strippers van más allá de despertar el deseo en las espectadoras y terminan cumpliendo una de las fantasías de las mujeres.  Los propios strippers califican su trabajo como arte y la verdad lo hacen con mucho gusto. Con sobre nombres como Crudy, Kike, Dorian o hasta Fetiche son hombres que  tienen diferentes motivos para trabajar por las noches en antros o fiestas privadas.

Los bailarines comienzan desde muy jóvenes, algunos buscan dejar sus inhibiciones y olvidar los convencionalismos sociales para que un hombre se le acerque a una chica (aun en la actualidad), otros solo lo ven como una forma fácil de ganar un dinero extra de manera agradable. La mayoría ha comenzado por amigos que conocieron en los gimnasios, principalmente, y que los involucran poco a poco en el medio.

Al tratarse de un oficio en el que se vive del cuerpo, al menos dos horas de gimnasio y tratamientos de belleza, que no todos admiten, son necesarios para proporcionarle a las espectadoras lo que no tienen en casa: un cuerpo musculoso, fuerte, suave y sin vello que pueden tocar a su gusto.

Claro que, al tratarse de un baile sensual en el que se involucra a las mujeres al repegarseles, cargarlas o hacer que toquen, a veces las cosas se pueden salir un poco de control pues suben los ánimos de las chicas por lo que ellos necesitan mantener su postura viril, valiéndose de trucos como el conocido calcetín o el de la liga.

            Algunos de estos hombres llevan la fantasía a la realidad y llega a la prostitución, término que, curiosamente, cuando se trata de hombres, casi no se ocupa o no hace tanto ruido como cuando son mujeres. Muchos de los strippers afirman que al final del show llegan a irse con alguna clienta que los solicite, bajo el acuerdo monetario al que hayan llegado. No es de esperarse que en ocasiones estos hombres tengan algunas anécdotas como estar en el hotel y que “su amiguito” no les responda pese a que ya les habían pagado.

Como todo trabajo, tiene su inconveniente y el de ellos es la vida amorosa, ya que a pesar de que disfrutan, no les permite mantener una relación estable, pues pocas son las mujeres que aceptan ser su pareja sabiendo que sus privados son más que un baile exclusivo. Y para quienes la tienen, no son capaces de decirles que en las noches no son solo meseros en algunos centros nocturnos.


Lo que queda claro es que aún estamos en una sociedad machista en la que no es mal visto que un hombre provoque a una mujer y sea capaz de llevársela a la cama aunque sea como un negocio. Aunque para los que no es negocio es para los lugares establecidos que presentan este tipo de espectáculos, pues las mujeres que acuden van a gastar en hombres y no en bebidas, además de ser mucho menor la cantidad de féminas atrevidas para visitar estos lugares que los hombres en los tables, por ello son pocos los lugares con estos giros; el fuerte de los strippers son las fiestas privadas en las que llegan a ganar por su sólo baile entre 700 y mil pesos, aparte se contemplar propinas y pagos por “servicios extras”.




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